El inmenso sentimiento de no pertenecer, de no tener un sitio donde aterrizar y descansar del perverso día, de no encontrar una voz calma que me llene de regocijo, y contar con un oído que no escucha, el hallar allí la aspera voz de la desidia y la omnipotencia, de la violencia camuflada pero violencia al fin. A veces se asemeja a un hogar, a veces no, a veces simula ser la familia, y otras no.
Camino los días, voy entre compañeras, entre diferentes clases, atravesando todo a mi paso con un aire de bienestar que en nada se asemeja al caos que amenaza invadir mi interior. Surge la risa, me potencio, hablo, pienso, trabajo, estudio, todo ello envuelta en un aire de paz, que dista de este estado actual.
El afuera, y el adentro.
El no lugar, y "tu" sitio.

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